hotel oriental

.Las habitaciones de este hotel serán ocupadas por algunos fetiches, obsesiones e impresiones del mundo asiático.

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7.23.2009

funeral parade of roses

Película de culto. Hermosos fotogramas robados de aquí.

cast I peter
osamu ogasawara
...
cinematographer I tatsuo suzuki
production designer I setsu asakura
director I toshio matsumoto
funeral parade of roses


fuente I kurutta

4.01.2009

hotel oriental en el expreso oriental blog

"Dos cabezas. Un poco de periodismo, un poco de diseño, otro tanto de fanatismo made in Buenos Aires. Sí, salimos del termo". Así se describen los creadores de Expreso Oriental Cine, un blog con magníficas reseñas, crónicas y entrevistas de cine asiático.
En esta ocasión, fui invitada a responder algunas preguntas sobre mi cinematografía fetiche en una de mis secciones favoritas y en la cual también han participado otros blogs como Chowfanblog, Asia Team, Kirai: un geek en Japón, Asiateca, El Pozo de Sadako, El Espejo de Assuwa y Cine Asia.

Agradezco a Patricio y a Claudio por su invitación y mis mejores deseos para su futuro proyecto de Expreso Oriental en papel.

Para leer la entrevista en su formato original aquí.


3.30.2009

homenaje a wong kar wai: first love, the litter on the breeze

No he visto esta película 'First love, the litter on the breeze' pero me ha intrigado este texto de Nuria Alvarez, donde comparte tantos detalles curiosos, y como buena coleccionista que soy de Wong Kar-wai...

Para ver el texto original aquí.



First Love: The Litter on the Breeze
(Eric Kot, 1997
)


Al igual que los satélites, que se mueven alrededor de un planeta primario, algunos directores nacen bajo la estela de otros que han surgido como adalides de una nueva mirada, y que han conseguido delimitar su espacio con un cine muy personal y de difícil imitación.
En esta órbita debemos incluir al actor Eric Kot, metido casualmente a director, y a su película: The First Love - The Litter on the Breeze realizada en el año 1997, año en el que su mentor Wong Kar Wai descolocaba, al mismo tiempo que triunfaba, con su mirada postmoderna, con su libertad narrativa, y sobre todo con la “explosión” del sentimiento.
Son los años, esta década de los noventa, en los que Kar Wai exploraba su universo cautivador, lírico y poético. Años en los que una galería de personajes solitarios y huérfanos desplegaban su melancolía y su frustración, enmarcados en una atmósfera asfixiante propia de los amores perdidos, envueltos en los ejercicios dolorosos de los recuerdos y los sentimientos, que afrontaban el amor en pos de un deseo contenido.
Fue en esta década en la que Wong Kar Wai acotó su espacio en la cinematografía hongkonesa con películas tan personales como: Ashes of time (1994), Chungking Express (1994), Fallen Angels (1995) y Happy Together (1997). Y también fue, en estos años, cuando salieron a la luz una serie de imitadores que bien desde la parodia o desde la admiración intentaron emular su mirada y su particular modo de hacer cine. Eric Kot un conocido cómico del star hongkonés, en esta caso bajo el manto de la admiración y con el beneplácito de Kar Wai, abordo su segunda película , rindiéndole un sentido homenaje.

Bajo la producción de Wong Kar Wai, y con Christopher Doyle ocupándose de la fotografía, Eric Kot se embarcó en el difícil arte de rodar su película: : The First Love - The Litter on the Breeze, con un guión, de aires posmodernos, que narraba una serie de historias entrelazadas en torno al primer amor.
A la manera de un hermano pequeño entusiasmado por el cine que hacía su maestro, Kot es un fiel reflejo de la huella que dejó Kar Wai en el cine de la excolonia.
La película, en un primer visionado, es una síntesis ( e inclusive me atrevería una mediocre copia) del Kar Wai formal. Es decir es una concatenación de elipsis, fragmentación en la narración, cortes abruptos, uso de la voz en off, texturas en blanco y negro, detallismo de los encuadres, el uso de la música...al mismo tiempo que intenta desarrollar sus historias bajo “la textura del sentimiento” propia del maestro al situar el amor frustrado como centro de pasiones, y los encuentros y las pérdidas como consecuencia de una ardor contenido.
Eric Kot es el discípulo que no llega al arte del maestro, pero recordemos que la intención de Kot no es la superación, sino abordar su película desde la admiración y el homenaje. Y, tampoco debemos olvidar que, este actor metido a director, es uno de los cómicos más consagrados del cine de Hong Kong y, por tanto, es lógico que su obra responda a los guiños hilarantes con que nos tiene acostumbrados.
En The First Love - The Litter on the Breeze, Kot se define como un director posmoderno (cine que, en términos muy generales, se mueve en torno a tres principios clave: 1.desaparición de un cine referencial-convencional; 2. fraccionamiento de la narración; y 3. relativización de ciertos patrones ideológicos o morales como la violencia o la sexualidad), y como tal quiere que su obra se presente ante los espectadores, pero al mismo tiempo – por esa identidad cómica antes aludida- la película combina momentos de imitada seriedad con elementos de parodia.
Lo más novedoso, en esa“imitada seriedad”, son las apariciones en las que Eric Kot habla directamente a la cámara y comenta al espectador las historias que va a narrar y las sensaciones e impresiones que tuvo al redactarlas, y, sobre todo, cómo estas se modificaron en el set de rodaje.
Sensaciones que nos acercan al universo creativo de Wong Kar Wai, el cual ha declarado muchas veces que sus historias nunca permanecen originales al guión, sino que la película se va realizando en el propio rodaje. La intuición es el método de trabajo de Kar Wai, por ello muchas veces cada escena puede cambiar y empezarse a rodar desde una nueva perspectiva.
Kot nos muestra precisamente esto, y siendo fiel a la manera de trabajar de su adorado director, expone en su película las distintas versiones de una misma historia, y los cambios que cree necesario para el desarrollo de la misma. Aparecen, por tanto, varias alternativas que el espectador experimenta como testigo directo, a la vez que el propio director explica sus sensaciones.
A pesar de ello, no falta la parodia en un cómico que muchos críticos consideran irritante y de estilo bufonesco. En concreto, Kot hace alusión a la manera de rodar de cámara en mano (referencial en películas Wong Kar Wai como Chungking Express o Fallen Angels) con la pantalla templando, sugiriendo el posible abuso de esta técnica en las películas.
Al mismo tiempo que también se atreve con el uso de la cámara lenta, tan particular de Kar wai, al imitar como cae muy lentamente una colilla de cigarrillo.
Aún a pesar de la aportación cómica, The First Love - The Litter on the Breeze es un homenaje a Kar Wai, el cual aparece con la imagen difuminada al final de la película. Es una manera de decir que se ha propuesto hacer cine sólo por él, al mismo tiempo que aún a pesar de fusionar la fábula posmoderna con la aventura cómica, expone un momento crucial para la historia de la excolonia y de la propia historia del cine hongkonés. La película, realizada en el mismo año en el que Hong Kong dejó de ser colonia británica, contiene una historia titulada metafóricamente Después del amor. Quizá el verdadero título debería haber sido Después de la disolución ¿qué?, queriendo reflejar ese momento de duda e incertidumbre vivió la excolonia.
En definitiva, The First Love - The Litter on the Breeze es película que no se puede explicar sin la palabras de Eric Kot: : “...(yo) intento escribir un guión por mi mismo, pero no me puedo escapar de las manos de Wong Kar Wai)...”


Prestado de hong kong pasión

2.03.2009

la vida es así, hecha a golpes de pequeñas soledades

Cada texto o pseudo análisis que he leido de Breath terminan en lugares comunes. El peor: vanas comparaciones con el resto de su filmografía, ensombreciéndola a la luz de obras como Hierro 3 y Primavera, Verano, Otoño, Invierno y otra vez Primavera. Breath no es perfecta, pero si un intento profundo y ¡si! creativo sobre la fragilidad del ser humano, sus búsquedas, sus defectos, etc.
Y el ensayo que me he robado de quarto 2046 lo confirma y lo lleva más allá. Tengo que decir, que no había leído algo tan honesto sobre Aliento: "A pesar de haberme gustado - me gustan las cosas que me incomodan- no sabría decir si entendí Breath. ". Talvez ésta es la humildad que le ha faltado a los otros.
Gracias a Dai y a Sara por su colaboración. Y desde ya pido disculpas si en algún momento la traducción - hecha por mí - se aleja del sentido orginal de sus ideas.

Para leer el texto en su idioma original aquí.





“La vida es así, hecha a golpes de pequeñas soledades"

La frase de Roland Barthes, en La Cámara Lúcida, podría sintetizar la filmografía de Kim Ki-Duk. Director valioso, arriesgaría a decir que, en los últimos años, después del éxito de su exquisita Hierro 3 (Bin Jip), Ki-Duk se viene debatiendo en una temática recurrente en torno a la incomunicabilidad en las relaciones y lo trágico de las pasiones humanas.
Pelo menos así recibí películas como Time, Aliento y la más reciente Dreams. Sus últimas, que presentan como personajes centrales matrimonios infelices, aprisionados en sus rutinas y en la impotencia ante el destino.
Él retoma elementos presentes en sus obras mas reconocidas (Hierro 3 y Primavera, Verano, Otoño, Invierno y otra vez Primavera), pero, en esta etapa, su estética de la pérdida y del aislamiento parece servir a una tesis que yo arriesgaría a clasificar de anti-romántica.
Explico: el director se empeña en deconstruir los clichés de la realización afectiva, siendo casi agresivo al comunicar su visión anti-pasional al público.
Por eso, la audiencia adepta a los finales felices debe guardar distancia de las últimas obras de Kim Ki-Duk. Él no tiene ningún deseo de sonar agradable o alardear paz y armonía. Su misión es instalar lo incómodo. Es mostrar la cicatriz de la duda en el inmaculado aparente. Es decir, "no donut for you". Nada de comercial de margarina.
Aliento (Soom) es una película que merece algunos párrafos. Golpe en el estómago es una metáfora rasa para el malestar que proporciona. Un matrimonio vive una vida en común donde la repartición de la casa, la mesa, la cama y las tareas diarias resume la profundidad de la unión. Los muebles claros, los ambientes limpios y minimalistas, las camisas blancas extendidas en el tendedero parecen gritar, sofocados de silencio y tedio. Y el silencio de Kim Ki-Duk es estridente. A lo largo de la película, el sentimiento de insastifacción va haciéndose más evidente y contaminando los espacios. La perspectiva de la cámara contribuye a denunciar la distancia entre la pareja. Al paso que un close up muestra el instantáneo vínculo entre extraños que, inesperadamente, se convierten en amantes. La ausencia de diálogos expresa una narrativa que ocurre de adentro hacia afuera. Lo no dicho, si, es importante. Y aparece en los escenarios de la película con la presencia imponente del arte. No por acaso el personaje principal, recreada por la excelente Ji-a Park, que busca superar su infelicidad conyugal en los brazos de un homicida condenado a muerte (Chang Chen), guarda en un cofre de su casa una escultura de un busto femenino con una ala irrumpiendo de las entrañas.
Si, la infelicidad duele y revienta por dentro. Y el deseo de volar mas allá del balcón donde relucen las camisas impunemente limpias del tendedero es algo que desatina. La vida limpia, aseada y correcta es nada menos que un implosivo gran montón de sangre y mierda. No confíe en nada que este en la superficie.
Y éste deseo de libertad de la mujer silenciosa tropieza con el del enigmático prisionero, que vive en una cárcel real con la inminencia de la muerte. De principio, desconocemos sus crímenes y la razón de su culpa, aunque quede claro que causó daños graves a alguien. Un homicida-suicida mudo, que la cámara de Kim Ki-Duk encuadra como dulzura amorosa - mérito, también, del lindo rostro de Chen, sin duda.
A pesar de haberme gustado - me gustan las cosas que me incomodan- no sabría decir si entendí Breath. ¿Un regreso a la inocencia? ¿Una expiación de la culpa? ¿La pasión imposible como válvula de escape de las prisiones (materiales o no)? ¿Y al mismo tiempo, como preludio espiritual de la tragedia?
La decoración alusiva a las estaciones del año (nuevamente ellas), llevada por el personaje femenino a la celda del condenado, ¿sería un ritual de purificación? Y la absorción del aliento casi hasta la muerte, ¿un intento de aspirarle la culpa? No sé si alcancé las pretensiones del director al guiar a aquella mujer de frustraciones tan comunes por una trayectoria tan poco común, pero, creo que ella quería dar algo bueno a aquel hombre sin esperanza, como único medio de rescatar la propia. Un reinicio que parte de un necesario fin.
Sensual e lleno de referencias espiritualistas, Kim Ki-Duk se expone a participar en la película justamente como el director carcelario voyeur, que monitorea en video los coloquios afectivos del prisionero y de la visitante. Un espectador de lo que hay de bello y seductor en la tragedia humana.

Prestado de quarto 2046

12.19.2008

hotel oriental en la torre del reloj magazine

Proyecto personal de Jessica Jones, La Torre de Reloj magazine es una revista digital que se publica -casi- mensualmente a través del blog del mismo nombre y cuenta con contenidos sobre cine asiático, anime, series de TV, música, entre otras cosas.
Para el número 4 de la publicación, he colaborado en la sección de "firma invitada", con un pequeño texto de hotel oriental sobre una de las películas de Wong Kar-Wai, y mi favorita, Days of Being Wild.
Agradezco nuevamente desde aquí a Jessica por su invitación y espero seguir disfrutando de varios números más.

Para descargar la revista aquí.


11.26.2008

il mare


* Aunque “Il Mare” parta de una premisa fantástica un tanto infantil, y tenga asimismo algunos elementos fantásticos un tanto rebuscados, tarda muy poco en deleitar los sentidos, y poco más en configurarse como una madura reflexión, en toda regla, de las relaciones sentimentales y los vacíos emocionales. Ese elemento fantástico introduce en una historia sobre amores imposibles, que podría partir de cualquier otro antecedente, quizá más realista, pero que no haría la película por ello más atractiva, o mas acertada en su reflexión sobre la soledad y los sentimientos.

* Todo aspecto fabuloso queda en un segundo plano, aunque nos lanza buenos puntos de apoyo para especular sobre la extraña situación de Sung-hyun y Eun-ju, y sobre ensueños temporales. Como digo, pese a la interesante abstracción en que podríamos embarcarnos sobre la premisa de la película y sobre algunos incidentes del desarrollo del relato, todo ello queda supeditado al componente dramático y romántico; tanto que queda eclipsado; tanto que “Il Mare” podría considerarse como una magna obra del realismo fantástico, por hacernos perder de vista su carácter fantasioso, y presentarnos la historia como algo tan real que podría pasaros a cualquiera: ¿Quién dirá de “Il Mare” que es cine fantástico, irreal, ciencia ficción? ¿Quién no se identifica con sus personajes? ¿Quién considera más real lo que cuenta el cine de Hollywood? Creo más posible intercambiar cartas con Emily Brontë, que vivir una de las aventuras de Tom Hanks o Angelina Jolie, o uno de los amoríos de una Sandra Bullock cualquiera.

* Todo un retrato, vivo y de exquisita belleza, de la soledad; de la soledad que palpita en muchas figuras del film, y en cada uno de los ambientes que plasma. “Il Mare” es un refugio en todos los sentidos: como película, para el espectador; como vivienda (la de la historia), para los protagonistas. Ambos personajes vinculados a la casa, como inquilinos en diferentes épocas; relacionados entre si por ese impulso que les llevó a instalarse en ella, buscando un fortín para sus cuitas emocionales; y por una broma cósmica, que hace que puedan comunicarse a través del buzón de la entrada: todo el mundo está conectado entre si, y los que sufren… más.

* Todo en la película tiene un efecto balsámico que actúa sobre nosotros y sobre los personajes. Sung-hyun bautiza su nueva residencia como “Il Mare”, buscando un remanso de paz, algo que solo al nombrarlo lo reconforte, trayéndole a la mente una imagen plácida… quizá, las apacibles costas de Italia; o la idea que este arquitecto coreano tenga de ellas. “Il Mare” parece aislada del mundo, querer escapar mar adentro, como sus protagonistas, y huir de cualquier cosa que pueda volver a herirlos. La marea alta que aísla la casa parece protegerlos de todo mal. La visión del vasto océano, y la cadencia de las olas, adormece sus ansiedades, los mece, consuela… el mismo efecto de la presencia del perrito “Cola”, de algunos apacibles entornos a los que huyen de vez en cuando, la magníficamente bien elegida música que acompaña la película, su fría imagen, y una virtud del cine oriental: un ritmo sosegado que nos da la oportunidad de rumiar lo que estamos viendo… Provoca un estado anímico perfecto para poder hundirse uno en la trama emocional del film. Todo perfectamente aliado y orientado a un efecto. “Il Mare” es terapéutica; de esas películas que te amansan y “limpian”, como si cada marea de ese “mare” se llevase consigo impurezas nocivas de nuestro ánimo.

* Película cargada de paradojas. Me encanta el hecho de que los protagonistas hayan sido lanzados al vacío de la soledad debido al alejamiento físico de sus parejas, pero se consuelen venciendo otro tipo de distancias, en apariencia más insalvables. La separación física les sume en el abatimiento, los empuja a aislarse para huir del dolor, pero salvan una distancia temporal irresoluble que los reanima, y acudiendo a figuras igualmente solitarias con las que se identifican: el perrito, el pececito… Visto así, la película, que a priori podría parecer una glacial apoteosis del vacío y la extenuación afectiva, lanza una mirada optimista y positiva, un poco difícil de asir entre tanta recreación del aislamiento, pero reconstituyente. “Il Mare” es una alegoría del paso del tiempo, y de la forma que este tiene de curar heridas, poco a poco, en un lento proceso paulatino, que a veces de forma imperceptible, como las mareas, produce cambios incuestionables.

* Como en muchas de las obras de otros autores orientales (Miyazaki, Kim Ki-duk…) es importantísima la personalidad de los espacios, dotar de un carácter propio, ligado al de los protagonistas, algunos de los enclaves del film; en este caso, la casa, que ofrece a los protagonistas un reflejo de ellos mismos, y un refugio que, a su imagen y semejanza, al resguardo del mundo, les ahorra la vulnerabilidad de encerrarse simplemente en si mismos. “Il Mare” podría ser una “Casa Usher”, y no sorprendería verla derrumbarse junto con los personajes.

* Aunque “Il Mare” parta de una premisa fantástica un tanto infantil, y tenga asimismo algunos elementos fantásticos un tanto rebuscados, tarda muy poco en deleitar los sentidos, y poco más en configurarse como una madura reflexión, en toda regla, de las relaciones sentimentales y los vacíos emocionales. Ese elemento fantástico introduce en una historia sobre amores imposibles, que podría partir de cualquier otro antecedente, quizá más realista, pero que no haría la película por ello más atractiva, o mas acertada en su reflexión sobre la soledad y los sentimientos.

* Todo aspecto fabuloso queda en un segundo plano, aunque nos lanza buenos puntos de apoyo para especular sobre la extraña situación de Sung-hyun y Eun-ju, y sobre ensueños temporales. Como digo, pese a la interesante abstracción en que podríamos embarcarnos sobre la premisa de la película y sobre algunos incidentes del desarrollo del relato, todo ello queda supeditado al componente dramático y romántico; tanto que queda eclipsado; tanto que “Il Mare” podría considerarse como una magna obra del realismo fantástico, por hacernos perder de vista su carácter fantasioso, y presentarnos la historia como algo tan real que podría pasaros a cualquiera: ¿Quién dirá de “Il Mare” que es cine fantástico, irreal, ciencia ficción? ¿Quién no se identifica con sus personajes? ¿Quién considera más real lo que cuenta el cine de Hollywood? Creo más posible intercambiar cartas con Emily Brontë, que vivir una de las aventuras de Tom Hanks o Angelina Jolie, o uno de los amoríos de una Sandra Bullock cualquiera.

* Todo un retrato, vivo y de exquisita belleza, de la soledad; de la soledad que palpita en muchas figuras del film, y en cada uno de los ambientes que plasma. “Il Mare” es un refugio en todos los sentidos: como película, para el espectador; como vivienda (la de la historia), para los protagonistas. Ambos personajes vinculados a la casa, como inquilinos en diferentes épocas; relacionados entre si por ese impulso que les llevó a instalarse en ella, buscando un fortín para sus cuitas emocionales; y por una broma cósmica, que hace que puedan comunicarse a través del buzón de la entrada: todo el mundo está conectado entre si, y los que sufren… más.

* Todo en la película tiene un efecto balsámico que actúa sobre nosotros y sobre los personajes. Sung-hyun bautiza su nueva residencia como “Il Mare”, buscando un remanso de paz, algo que solo al nombrarlo lo reconforte, trayéndole a la mente una imagen plácida… quizá, las apacibles costas de Italia; o la idea que este arquitecto coreano tenga de ellas. “Il Mare” parece aislada del mundo, querer escapar mar adentro, como sus protagonistas, y huir de cualquier cosa que pueda volver a herirlos. La marea alta que aísla la casa parece protegerlos de todo mal. La visión del vasto océano, y la cadencia de las olas, adormece sus ansiedades, los mece, consuela… el mismo efecto de la presencia del perrito “Cola”, de algunos apacibles entornos a los que huyen de vez en cuando, la magníficamente bien elegida música que acompaña la película, su fría imagen, y una virtud del cine oriental: un ritmo sosegado que nos da la oportunidad de rumiar lo que estamos viendo… Provoca un estado anímico perfecto para poder hundirse uno en la trama emocional del film. Todo perfectamente aliado y orientado a un efecto. “Il Mare” es terapéutica; de esas películas que te amansan y “limpian”, como si cada marea de ese “mare” se llevase consigo impurezas nocivas de nuestro ánimo.

* Película cargada de paradojas. Me encanta el hecho de que los protagonistas hayan sido lanzados al vacío de la soledad debido al alejamiento físico de sus parejas, pero se consuelen venciendo otro tipo de distancias, en apariencia más insalvables. La separación física les sume en el abatimiento, los empuja a aislarse para huir del dolor, pero salvan una distancia temporal irresoluble que los reanima, y acudiendo a figuras igualmente solitarias con las que se identifican: el perrito, el pececito… Visto así, la película, que a priori podría parecer una glacial apoteosis del vacío y la extenuación afectiva, lanza una mirada optimista y positiva, un poco difícil de asir entre tanta recreación del aislamiento, pero reconstituyente. “Il Mare” es una alegoría del paso del tiempo, y de la forma que este tiene de curar heridas, poco a poco, en un lento proceso paulatino, que a veces de forma imperceptible, como las mareas, produce cambios incuestionables.

* Como en muchas de las obras de otros autores orientales (Miyazaki, Kim Ki-duk…) es importantísima la personalidad de los espacios, dotar de un carácter propio, ligado al de los protagonistas, algunos de los enclaves del film; en este caso, la casa, que ofrece a los protagonistas un reflejo de ellos mismos, y un refugio que, a su imagen y semejanza, al resguardo del mundo, les ahorra la vulnerabilidad de encerrarse simplemente en si mismos. “Il Mare” podría ser una “Casa Usher”, y no sorprendería verla derrumbarse junto con los personajes.

Prestado de Irian-Kino

9.26.2008

bangkok dreamin'

Una de las razones para este préstamo/robo es poder leer oraciones como esta:
"(...) suspendidos temporalmente en espacios transitorios (...) como si atravesasen etéreos limbos."



Ploy (Pen-ek Ratanaruang, 2007)

Diego Faraone

A lo largo de su vida, el director tailandés Pen-ek Ratanaruang (Last life in the universe, Invisible Waves) pasó mucho tiempo en países extranjeros, y los viajes y el contacto con otras culturas fueron constantes desde su juventud. En sus películas, los personajes normalmente se encuentran de paso, lejos de su tierra, suspendidos temporalmente en espacios transitorios (apartamentos alquilados, barcos, bares, habitaciones de hotel), como si atravesasen etéreos limbos. La pareja protagonista de Ploy viaja desde Estados Unidos a Tailandia, debido a la muerte de un familiar. Al comienzo de la película se los muestra en un tedioso viaje en avión y en seguida en su arribo a un hotel de Bangkok. Hay muchos detalles llamativos en estas primeras escenas: en primer lugar, la pareja aparece en una toma, él despierto y ella dormida; luego al revés. La idea de incomunicación, de cierta desconexión entre los miembros de la pareja se planta desde un comienzo. Luego, el sonido. A lo largo de toda la película existe un murmullo de fondo que propicia un estupor permanente. Primero los apagados sonidos de las turbinas del avión, luego, sofocados ruidos provenientes de la calle, más adelante la banda sonora, tenues y sostenidas notas de órgano que refuerzan el embotamiento y un constante estado de somnolencia.
La primera vez que Ploy entra en pantalla, surge como una aparición, como un sueño. La toma es breve y sutil, pero absolutamente atípica. La chica pide fuego al protagonista, entra y sale fugazmente del cuadro. Al irse, la cámara queda quieta, fuera de foco durante unos segundos, apuntando hacia la nada. Queda instalada la idea de que pasó algo asombroso, una ilusión, un espectro capaz de cortar el aliento y la reflexión. No pasaron ocho minutos de película y Ratanaruang ya demostró que es un director sumamente inquieto e innovador, y un detallista puntilloso a nivel plástico. Su cámara filma a los personajes en encuadres atípicos, por lo general situada por debajo de su cintura, y con lentos y cadenciosos movimientos.
La pareja se encuentra visiblemente aturdida por el desfasaje horario, y, pronto se descubrirá, atravesando una determinante crisis conyugal. En este panorama aparece Ploy, quien despierta celos en la mujer y vaya uno a saber qué sentimientos en el protagonista, que por la edad podría ser su padre. El conflictivo triángulo instala cierta tensión en el cuadro, y llega a desencadenar inesperados y crudos estallidos de violencia. Paralelamente, en otra habitación del mismo hotel, una mujer de la limpieza y un barman tienen sexo en largas y distendidas escenas de alto voltaje erótico.
En la película comienzan a sucederse situaciones que, se descubrirá luego, son sólo ensoñaciones de los protagonistas. En este sentido, el filme está lleno de escenas tramposas, que muestran cosas sin que sucedan realmente; en algunos casos sólo representan deseos inconscientes, en otros, situaciones que podrían haber sucedido, rumbos que la película podría haber tomado pero que sólo quedan sugeridos.
Ploy (la imponente Apinya Sakuljaroensuk) es uno de los principales enigmas del filme; la singular belleza de esta lolita tailandesa es de lo más inquietante: su enigmático rostro revela a una niña y una mujer madura al mismo tiempo, su mirada, un pasado denso y mil turbulencias. Demasiado joven y desgarbada para los 19 años que dice tener, viste una remera semiandrajosa -¿se habrá rasgado o será una moda?-, y lleva un ojo levemente amoratado. El contenido de su cartera también amplía el misterio: maquillaje abundante, una yilé junto a un vidrio espejado. Ratanaruang es maestro en el arte de insinuar, dejando asomar todo el tiempo zonas de sombra que el espectador debe llenar con su propia intuición. La película se inscribe en esa clase de filmes ingrávidos y atmosféricos que parecen sueños, y que detrás de ellos esconden a auténticos autores, maestros del artificio y el lenguaje cinematográfico. A medio camino entre el cine de Wong Kar-wai y el de David Lynch, sin los desbordes característicos de uno y otro, Ploy sobresale como el mejor filme que Ratanaruang ha pergeñado hasta la fecha, y uno de los más importantes del cine tailandés actual.


Prestado por denmen celuloide

7.07.2008

dos visiones de my blueberry nights

'My Blueberry Nights', también 'El color de la noche' en español, es la última película hasta el momento de Wong Kar-wai, pero la primera lejos de casa. La metrópoli hongkonesa es sustituida por la ciudad Nueva York ... y Jude Law aparece en el lugar del enigmático Tony Leung.
Muchas reacciones encontradas con esta película. Pero la verdad que a mí no me interesa las opiniones de críticos reconocidos o de los que han visto un par de películas de Wong Kar-Wai. Me parece más interesante mostrar las percepciones de aquellos que están obsesionados con el universo de este director, por lo que he colocado las visiones de dos personajes que me consta hasta ahora que son profundos admiradores del cine WKW - claro no sé si más que yo, pero sigo investigando-.
.
Juniper girl

(-) my blueberry nights

Alvaro G. Loyza

Un cineasta de la talla de Wong Kar-Wai no pasa desapercibido, sus trabajos han creado un legado que lo coloca hoy entre los directores más reputados del mundo entero, cada nueva obra crea una expectativa entre críticos, espectadores y fans repartidos por todo el orbe, desde la aparición y difusión de “In the Mood for Love” el nombre de Wong Kar-Wai fue calando paulatinamente en las mentes de los amantes del buen cine, justificando esa fama en los que desconociendo su pasado hicieron retrospectiva y descubrieron a un genio en estado puro, no ha un cineasta afortunado que había creado una joya sin contexto, sino a un autor magnífico que finalmente había creado la joya que le permitiera hacer que toda su obra anterior fuera justamente reconocida más allá de los círculos de críticos y expertos en cine de autor.
Obviamente, este florecimiento provocó grandes ansiedades en torno a que era lo próximo que produciría el brillante director hongkonés. El 2004 llegó “2046”, una obra que seguía la estela, la temática, la estética y al personaje de la loada “In the Mood for Love”. A muchos les fascinó la recurrencia de Wong (entre los cuales me encuentro), entendiendo que una etapa de su filmografía o un círculo de su narrativa esa congraciada y culminada con esa joya, para otros pese a su inmaculada hechura fue una realización redundante que no colmaba las expectativas puestas en él.
Lo que causó esta disyuntiva en torno a “2046” fue el postergar tácitamente el debate hasta ver a donde se dirigiría el tren creativo de Wong, que fue a dirigirse hacía “My Blueberry Nights” , película estrenada en Cannes del 2007.
Un año después de ese evento me tocó la satisfacción de enfrentarme a tal filme, habiendo tratado, desde su premier, alejarme de las repercusiones que se dieran en torno a la película para mantener mis juicios y mis expectativas intactas y no manipuladas. Lo único que pareció impregnar mi percepción sobre la cinta, era que ésta no había creado gran revuelo en los círculos cinéfilos.
Mis impresiones desde los primeros fotogramas me remitían hacía el pretérito fílmico del director; el manejo de los colores, la cadencia de los paneos, la búsqueda de intrincar las imágenes con los sonidos, personajes heridos y con cicatrices abiertas por tiempo, todo se remontaba a las maneras y temáticas patentadas del cine de Wong, lo cual no podía sino el regocijarme como espectador y como fan del cineasta.
Con el transcurrir del metraje mi entusiasmo fue disminuyendo, no así la belleza de las imágenes, pero si la recurrencia de los motivos clásicos de Wong, en un entorno ajeno y poco desentrañado, con unos personajes sin enjundia e incapaces de causar empatía (quitando quizás a Jude Law, quien encarna al personaje más envolvente de la película), personajes tibios en circunstancias conocidas, en parajes desconocidos, una mezcla de Wong con sus más confusas influencias de Godard y Wenders, dictadas a una musa (Norah Jones) que no transmite ni el pathos, ni la hierática expresividad de los héroes y heroínas del hongkonés.
Todo este desconcierto finalmente deriva en algo que jamás había sido un rasgo de la filmografía de Wong Kar-Wai, un final predecible y hasta un tanto empalagoso, como me imagino que será comerse entera una tarta de arándanos. El resultado de “My Blueberry Nights” nos otorga un “Chunking Express” sin vértigo, como si fuera un espejo insulso, distorsionado y extrapolado de ésta, con personajes impávidos que juegan a ser interesantes sin serlo y sin extrañar al magnífico Chris Doyle, ya que Darius Khondji cumple a la perfección tras la cámara; lo que si se extraña es ese entrañable bar llamado California con un Tony Leung, detrás de la vidriera, impaciente y descorazonado, esperando a la inefable Faye Wong, que quien sabe cuando se dignará en aparecer.

(+) my blueberry night

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Ezequiel Villarino
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1. Por allí (no importa el lugar o los lugares, no interesa en este momento) puede leerse que Wong Kar Wai se repite y se parodia. Nada más exacto que lo primero: un autor tiende a reiterarse. Sin embargo, nada más lejano que lo segundo: My Blueberry Nights no es una parodia de otras obras del director sino una continuación de sus obsesiones y un especie de camino iniciático, emprendido a partir de la ausencia de Doyle (ahora reemplazado por Khondji con muy buenos resultados).

2. Por más que los detractores intenten buscar marcas de agotamiento, Wong Kar Wai sigue siendo Wong Kar Wai: el mismo artista de siempre, el refinado esteta que opta por acortar distancias al momento de entregarnos los sentimientos más profundos entre personajes. Esas maneras (o formas) del sentir son únicas: nadie sabe amar como Wong Kar Wai y su cine. Tampoco, nadie, sabe tejer vínculos tan profundos entre los espectadores y aquello que sucede en pantalla: partiendo de la voz en off; siguiendo por los monólogos internos; registrando mediante planos detalle los rasgos más curiosos y atractivos de cualquier objeto (en My Blueberry Nights la crema y los pasteles desaparecen en labios hermosos y dormidos); recurriendo a la música extradiegética que marca el tiempo y acompaña los movimientos de cámara (travellings y paneos se funden en el ritmo hipnótico del soul y el blues, guiados por la voz de Norah Jones); hasta llegar al ralenti y a su efecto sobre el tiempo de la imagen (el tiempo es importante, demasiado importante como para extender este párrafo a niveles desproporcionados).

3. Unamos, ahora, la temporalidad con las imágenes: esa conexión, indudablemente, nos hace comparar. Homologar lo que "es" (My Blueberry Nights) con lo que "fue" (In the mood for love, 2046, Chung King Express y otras). Y aquello que "es", no es un film que se asemeje, exclusivamente, a esa película protagonizada por Tony Leung Chiu Wai y Maggie Cheung sino un interesante cruce estético.

4. Wong Kar Wai, luego de ese incio que centra su continuidad en un montaje demasiado visible y, lógicamente, poco calmo (curiosidad: William Chang, en esos minutos, parece haber adquirido otro ritmo en lo que respecta al corte y la sucesión de planos) vuelve a narrar de la manera en que había narrado en tantas otras oportunidades: con una cámara móvil que se desplaza en lugares imposibles y capta objetos, colores y personajes (como ocurría en Chung King Express, Fallen Angels o Happy Together); pero también con una cámara contemplativa e inmóvil (como en In the mood for love, 2046 o The hand). Si bien no existe la posición desequilibrada de la cámara y la pasión por el gran angular y la profunidad de campo de Fallen Angels, o la vertiginosa esencia de Chung King Express (recordarán los cambios de velocidad y el seguimiento a los personajes en el inicio de su tercer largo), el director opta por travellings sutiles que describen el espacio en donde los personajes interactúan (los espacios y el tiempo son siempre trascendentes en el cine de Wong).

5. Puede pensarse a My Blueberry Nights como un ejercicio algo solemne. Y digo "algo" porque existe, dentro del film, la voluntad de sortear el desengaño y el dolor mediante la descontracturante irrupción del humor de ciertos diálogos y acciones (algunas implican una conexión cósmica, como el ataque que reciben al mismo tiempo, pero en lugares distintos, Jeremy y Elizabeth) y la complicidad de hacernos sentir cercanos en los momentos más apasionantes de la historia (aquel momento del beso robado, por ejemplo).

6. De acuerdo, dije solemnidad (que en el campo de la crítica es una especie de mala palabra); pero esos pasajes conflictivos siempre se resuelven en miradas y silencios, a esta altura virtudes sobresalientes captadas en primeros planos, planos detalle, ralentis y otros rasgos personales. Y una de las características más importantes del cine de Wong es esa especie de "valor hipnótico" que proporcionan las imágenes, la música, los sonidos y las palabras. Todo esto conforma una esencia inagotable. Esencia que varía mínimamente de film a film pero que se mantiene intacta a lo largo del tiempo. Pedirle que cambie es un pecado; ya que sería negar toda posibilidad de soñar despierto.

7. Para finalizar diré que esto es sólo una introducción. Un prólogo que asegura continuar en otro texto. Tal vez sea la escritura de un enamorado que ve más virtudes que defectos en esas noches (y días) con sabor a dulzura. Tal vez sea un intento de atesorar en palabras, y para siempre, esta road movie repleta de sensaciones. Entonces, ¿cómo describir mediante palabras todo aquello que me produjo My Blueberry Nights? Tarea difícil, claro está. Pero como dice la voz de Elizabeth cerca del cierre: "No fue tan difícil cruzar esa calle después de todo... Todo depende de quién espera por ti del otro lado". Y del otro lado está el cine de Wong Kar Wai. El cine de ese director que en My Blueberry Nights nos dice que un beso puede ser tan dulce como una torta. Tan dulce como el verdadero amor, sin ir más lejos. Amor que no necesita demasiadas palabras, sino miradas y entendimiento mutuo.
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Prestado de Tôjô-Jin

5.27.2008

el hombre en la butaca

Lo que voy a postear a continuación no es de mi autoría, pero es que no podía resitirme a colocarlo. Gracias a Sulizhen por la idea y el préstamo.

"I travelled 9.000 kms. to give it to you es el corto que Wong Kar Wai rodó para la película Chacun son Cinéma (A cada uno su cine), el homenaje que 36 directores rindieron al Festival de Cannes en su 60 edición.




El año que la conocí
sentí un deseo inusual, fuerte y crítico
para siempre.

Era una tarde calurosa de verano en agosto.


Esto es lo que está viendo el hombre en la butaca




Y sigue:
-Natasha: ¿Tienes fuego?
-Johnson: He viajado 9.000 km para dártelo.


La película que ve el hombre en la butaca es Alphaville, de Jean Luc Godard. Un lugar lleno de mujeres frías, seductoras de nivel 3. Un sitio en el que están prohibidas las palabras amor, llorar y por qué.
Un lugar donde hace falta fuego. O media naranja."

Prestado de In the mood for blog